
Ya sé que hay un orden, tengo que comenzar tranquilo y en silencio, porque si no ya sé que desaparece, orden lento y en silencio, mejor así, hago como que no escucho nada, como que estoy escondido detrás de un árbol y que no me he dado cuenta de que somos la generación que migró de lo rural, somos los que parecemos vivir en los suburbios de otro país que anónimo, sin dueño, es un orden, mejor dejarlo llegar en silencio, si muevo la cabeza, o si alguien me hablara una palabra, entonces un río que se corta, aunque he tenido otras ideas, se refieren más a la música, como que si no podemos tararear correctamente la melodía, no hay literatura posible, ando en un estado mental, me siento un poco raro, con ganas como de pintar, como hacer un cuadro y una foto y tocar una canción y escribir varios poemas y tomar y fumar y pintar y embarrarme de pintura y oír música y embarrar la flauta de pintura y comer y tomar; imagino que un día tenemos edad. Descubrimos que el lenguaje sólo nos sostiene una parte, qué es lo que no hemos dicho, cuáles son las otras palabras, un puente sobre un río se sostiene porque creemos con fe que se sostiene, la palabra por su parte… Qué irrespeto imbécil es hablarle a los otros, de lo que asomabas con los ojos a medio cerrar, o esa vez que llorabas por algo que nunca supe. Seguro por eso no escribo ahora confiado, si no sintiendo que estamos al borde de algo tonto, burdo, como los peces que suben la corriente desesperados, como los peces que ya no pueden evitar la casería, como los peces amor, así escribo ahora, imitando la mirada vacía de los peces, imitando la importancia que le dan a La Bolsa o a la arquitectura contemporánea, conmovido cada vez más por las empresas grandiosas del pensamiento, pero bruto al mismo tiempo, como un pez, con una fuerza bruta, bestia, fuerza dije, fuerza digo, no me explico, porque ni la palabra más piedra te quiebra los dientes, y la palabra de una imagen menos que la imagen, vos sentada, pedazos de sol no llegan al hemisferio izquierdo de tu cara, porque en esta tarde que fue hace años, el marco de una ventana hacía eclipse solar cuadrado, y eso le importa a nadie, como los peces, veo un cerco de peces, veo una correntada por donde la lucha no se agota, aunque el cometido sea cero, espero que no llegue alguien a leer creyendo que encontrará literatura costarricense, más me ofenderá que le pongas tres dígitos devaluados, como un filete de tilapia, me dio hambre, pero la necedad de los peces supera el deseo mismo de seguir hacia algún lugar, blue lips, yo te vi así, blue lips, quién eras, yo te decía desde antes, desde mucho antes, blue lips, decía pez y no sospechaba que la jerarquía de la duración algún día alejaría a la mujer y me traería a la quimera, qué estoy diciendo, tengo hambre, aunque se impone seguir hablando, por un lado de los peces, y por otro lado… de qué hablo, no puedo hablar de todo a la vez, puedo decir plumas para decir que conocía la reacción de tu pelo entre la almohada, plumas, o escamas, o cualquier palabra al azar, poma por ejemplo, y ahí estoy yo, con 5 años menos que hoy, abriendo no una puerta de nuestro cuarto de clase media, si no carruseles en Zapote, al menos 2000 botellas de vino, tus uñas, a veces limpias a veces sucias, no puedo hablar de todo al mismo tiempo, pero el epicentro no se le niega a nadie, y vos ahora ya no lo sabés. Amanecí bien raro, escribí algunas cosas anoche, peces, entiende, peces escribí, los pájaros ya pasaron, toda esa literatura ya pasó, uno tiene que escribir como huyendo de algo, de uno, eso escribí, de peces, entiende, usted a visto a un pez cuando está perdido, pero nada como si le quedara alguna esperanza de sobrevir, cabecea, coletazos brutos para nada nada, y lo otro, los ojos de los peces son más bestias que las bestias, no ven los ojos de los peces, no ven, son algo distinto, cuando uno ve, uno ve hacia fuera y hacia dentro, o reformulado, uno ve desde afuera y desde dentro, los ojos de los peces son huecos, no sé, son grises y azules pero son inertes, a eso me refería, luego agarré todo y lo borré, ¿porqué? ¿quién soy yo para hablar de los peces? Uno siempre tiene que escribir como huyendo (tiene tiene tiene, debe debe debe), yo no dije eso, yo no dije eso, huir de todo y de uno entonces, ¿quién es uno? ¿uno? uno es otro, uno come bien, uno habla rápido, uno estudia, uno te besa, uno trabaja, uno vive, así las cosas, ¿quién escribe? ¿yo escribo o uno escribe? uno habla de los peces cuando escribe, pero yo, ¿yo de qué hablo? Entonces comencé a escribir de nuevo, pero ya era yo viendo a uno haciendo trazos pobres de los peces, o de los pájaros, una sensación de regocijo, yo me senté a ver nada más y luego tuve que borrar todo de nuevo y quedarme solo, cobijarme, decir todo no se puede al mismo tiempo, lo maravilloso es que comencé a escribir de nuevo, escribí una novela y la borré, escribí un poema y lo convertí en una piedra. No me dio tiempo de borrar todo, todo es una palabra que no existe, es la peor metáfora posible, la realidad es residual por amplia que parezca y eso fue lo que quedó, estas palabras, los residuos de otra cosa no pude borrar ni pude escribir.
3 comentarios:
esto es como escucharte hablando ayer,hace cinco años,boca soplando de pez,
su literatura tiene que irse. ser la verdadera anónima.
me di la vuelta pero voy a tener que leer de nuevo, creo. que tuanis cuando escribir es como vomitar. birritas pronto.
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